¿Si no pagas, no votas?

English: US Registration plate as seen in 2008...

El pago de impuestos lleva aparejado el derecho de voto. ¿Si no pagas, no votas? (Photo credit: Wikipedia)

Durante la reciente reunión del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, Marina del Corral, la secretaria general de migraciones, y varios políticos, entre ellos Alfredo Prada, responsable del PP en el exterior, anunciaron cambios en la normativa que rige el voto exterior. Yo deseo la derogación del voto rogado, es decir la obligación de solicitar el voto, que ha herido fatalmente la participación electoral de los de españoles que viven en el extranjero. Y creo también que deberíamos ir hacia la creación de circunscripciones exteriores. Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo en que se equiparen nuestros derechos electorales con los de quienes viven en España.

Un funcionario del servicio exterior me confiaba hace algún tiempo que él no era partidario de que tuviéramos derecho de votar, por las dificultades que entraña organizar el voto. Sostenía también que estamos desligados de España como consecuencia de nuestra ausencia del país —los emigrantes no tienen interés por lo que sucede en España, me dijo—. En cualquier caso, añadió, al no ser residentes fiscales, no contribuyen con sus impuestos a sufragar las cargas del Estado. Mi interlocutor invertía el principio que le costó a Inglaterra la pérdida de sus colonias norteamericanas: «no taxation without representation», es decir, el pago de impuestos lleva aparejado el derecho de voto. En su conjetura, pues, si no pagas, no votas.

Mi postura es menos alambicada que la de nuestro funcionario del servicio exterior y me temo que pueda carecer de fundamento jurídico: Yo creo que tengo todo el derecho a votar y a ser elegido exclusivamente por mi condición de español. Mi condición de español es esencial y el hecho de vivir fuera es accidental. A las autoridades les corresponde la obligación de resolver los problemas técnico-jurídicos que este «accidente» plantea, evitando enfoques sectarios y cálculos electorales, así como respetando los derechos que la condición de ser español genera.

Sin olvidar, claro, que la contribución económica de los españoles del exterior no es desdeñable, desde las remesas de dinero que han contribuido históricamente a aliviar el déficit crónico de la balanza de pagos (10 mil millones de euros en la actualidad), pasando por nuestras inversiones en bienes españoles o el pago de impuestos locales por las casas que todos soñamos tener en nuestra tierra chica, hasta el ahorro que supone a la hacienda española nuestra decisión de partir y no ser una carga para el Estado.

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