La campaña por mi cuenta (5): The youth of Britain is the hope of the EU, querido Alberto

BREXIT

I lost my train to Brussels today. I cannot Brexit.

Acabo de llegar de un Londres devastado y en lágrimas por el resultado del referéndum de permanencia en la UE. Comienza la era del populismo del siglo XXI. Y como no podía ser menos, el populismo rojeras español se sintoniza con Farage y Boris Johnson, con Marine y el petimetre de Holanda.

Alberto Garzón sale ahora con lo de «la Europa de los mercaderes», que yo no oía desde tiempos de Emilio Romero y la «Europa contra el pueblo». Alberto escamotea a sus admiradores los años de paz, la política de cohesión y solidaridad con las regiones pobres de la UE, los avances sociales introducidos por la legislación europea (que irritan tanto a los brexiters), la incorporación de la carta de derechos humanos en los tratados de la UE o la Conferencia de París sobre el medio ambiente, para citar un logro cercano de la UE. Si Garzón es la última esperanza de la política española, vamos apañados.

El problema de Boris y Farage es que su diagnóstico político y económico se basa en asunciones que ya no tiene vigencia (la posibilidad de que un país sobreviva aislado en el contexto  de la globalización). Lo mismo les ocurre a Alberto y a Pablo, a Podemos y a  Unidos: su receta podría tener sentido en plena crisis. Ahora creo que se les ha pasado el arroz.

Alberto y Pablo deberían volverse hacia los jóvenes británicos que han votado Remain mayoritariamente. Esto quiere decir que la UE volverá al Reino Unido algún día. ¿Nos habrán sacado a los españoles entonces de ahí? Unidos pueden, me temo.

Las expulsiones de Bélgica y el referéndum suizo

flagge-schweizLas expulsiones de ciudadanos españoles en Bélgica han abierto un nuevo frente de la guerra sucia por el voto exterior. En esta guerra, por encima de la búsqueda de soluciones para las personas, se politizan los problemas tratando de obtener réditos electorales y, peor aún, se introducen mensajes populistas, extremadamente corrosivos, que perjudican a quienes vivimos en el exterior.

Aireado por algunos medios de comunicación, el mensaje populista es en este caso que el principio de la libre circulación de personas, un derecho fundamental establecido por la Unión Europea, no vale para nada, no protege a los emigrantes, puesto que la UE no sería más que una construcción para favorecer a quienes tienen dinero. El reciente referéndum suizo, en virtud de cuyo resultado la Confederación denunciará los acuerdos de libre circulación con la UE, pone la cuestión en sus justos términos, como se verá más adelante.

Pero antes quiero ilustrar como se está fraguando este mensaje populista, comentado un reciente programa de Antena 3, Espacio Público, donde intervino el diputado de Izquierda Unida, Alberto Garzón, quien se hizo portavoz del mensaje de la “hipocresía de la Unión Europea”. Garzón negó la existencia de una política social europea o incluso una política común de inmigración. La intervención de una asistente social de la activísima y meritoria asociación Hispano-Belga asbl, financiada por organismos y administraciones belgas, desbarató involuntariamente la estrategia política de “Espacio Público”, explicando que en muchas ocasiones se abusa del sistema belga de protección social, que todavía hay trabajo para quien quiera trabajar y que se atiende a los casos más graves.

No obstante, la clave del debate es el referéndum suizo: se acabó el instalarse libremente en Suiza, derecho que había exigido la UE para compartir otras libertades con los suizos, como la libre circulación de mercancías y capitales. Vuelven los contingentes, el numerus clausus para entrar el país, los controles humillantes en las fronteras.  Peor aún, desaparece la posibilidad de hacer valer tus derechos sociales frente a una jurisdicción independiente: el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.  Peor aún: un telediario dela BBC abrió el día del referéndum anunciado que “Suiza se atreve a hacer lo que muchos otros países quieren hacer…”

En estas difíciles circunstancias me parece que, en lugar de hacer demagogia a costa del sufrimiento de las personas, es preciso defender en Europa la ciudadanía europea y la libertad de circulación y residencia sin discriminaciones. La libertad de circulación es un derecho fundamental de la UE y, como tal, habrá de exigirse a las instituciones europeas que la apliquen efectivamente e interpreten sus disposiciones de modo proporcionado y flexible, teniendo en cuenta la situación de crisis que vive Europa. La ciudadanía europea y la libertad de circulación no son negociables.