Por la participación de los ciudadanos, por el futuro de España

logoContribución a la Conferencia Política 2015 del PP:

Queremos más participación, más democracia. En el Partido Popular de España en Bélgica (PPEB) creemos que la buena política es la que consiste en ampliar el catálogo de derechos y libertades de los ciudadanos. El PP debe emprender este camino, porque es fundamental para el futuro de España que nuestro partido siga contando en la escena política.

España necesita un partido centro-derecha que sea capaz de mantener a nuestra nación en vanguardia de los países más libres y prósperos. En la vigente legislatura, el gobierno del PP ha abordado con abnegación la tarea de sacar a España de la crisis; ha afrontado con discreción el relevo de la monarquía; ha hecho frente con prudencia el desafío de los separatistas catalanes o la amenaza latente de la violencia etarra. Sin embargo, el PP ha sufrido un enorme desgate en todas las elecciones celebradas hasta ahora.

No creemos, en el PPEB, que el problema del PP se deba solo al desgaste de la crisis, a un déficit de comunicación, ni siquiera a los lamentables casos de corrupción. Pensamos que la causa profunda reside en una lectura insuficiente de la crisis de nuestro sistema político.

El sistema de la Constitución de 1978 se concibió en un momento muy específico de la historia de España. Hoy, casi cuarenta años después, España ha cambiado radicalmente: los ciudadanos quieren participar: es preciso revisar las normas que regulan la actividad política en favor de la participación de los ciudadanos.

La participación es particularmente necesaria dentro de los órganos y la estructura del PP. Los afiliados tienen que tener voz en la definición de las políticas y nombramientos del PP. Un partido es más fuerte cuando lo apoyan decenas de miles de ciudadanos, corresponsables de las decisiones de sus líderes. Los partidos no se reforman solo cambiando las caras, sino canalizando la energía y la inteligencia de sus afiliados.

En el exterior, somos particularmente sensibles a este respecto, puesto que se nos ha escamoteado incluso la representación, al limitar la Ley Electoral el voto de los que vivimos fuera. Pero no nos conformamos ya con la supresión del voto rogado. Desearíamos que un día, cuando las circunstancias lo permitan, se establezcan circunscripciones exteriores en las que podamos elegir a los representantes que mejor conozcan los problemas de quienes vivimos fueras.

Queremos pues más participación, más democracia. En el PPEB creemos que la buena política es la que consiste en ampliar el catálogo de derechos y libertades de los ciudadanos. El PP debe emprender este camino, porque es fundamental para el futuro de España que nuestro partido siga contando en la escena política

Anuncios

Competitividad, innovación y reforma del voto exterior

En la presentación de la fundación Transforma España, promovida por el ex ministro Eduardo Serra, defendí que el voto exterior puede ser crucial para la competitividad de España.

En la presentación de la fundación Transforma España, promovida por el ex ministro Eduardo Serra, defendí que el voto exterior puede ser crucial para la competitividad de España.

A propósito de los científicos jóvenes que «no ven salida en su patria», el Rey Felipe VI manifestó en una reciente visita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que «no podemos permitirnos el lujo de prepararlos para que salgan al extranjero».

Es un hecho, si bien no sabemos aún cuantificar su dimensión, que de la «generación mejor preparada de la Historia» muchos abandonan España para buscar trabajo. La inversión es pues aparentemente ruinosa: pagamos por formar a nuestros jóvenes en beneficio de los países extranjeros que los contratan.

Sin embargo, hay una posibilidad de rentabilizarla. Porque quienes van a trabajar fuera adquirirán una experiencia preciosa y nuevos conocimientos en empresas, universidades y laboratorios, muchas veces punteros. Recuperar ese know how es lo que conferirá valor añadido a la inversión de España. Recobrar a nuestros científicos —y en general a nuestros profesionales— emigrantes nos hace más competitivos y merece ser parte de la política nacional de innovación, como ya los es atraer investigadores extranjeros a España ¿Cómo recobrarlos? Por supuesto, creando de nuevo oportunidades, pero sobre todo manteniendo el vínculo de pertenencia a la patria, alimentando el deseo de regresar.

A este respecto, si el trance de salir de España conlleva además una merma de derechos, ¿cómo se restablecerá el vínculo? Si, por el hecho de abandonar España, nuestro científico o profesional joven ya no puede votar en su pueblo, o su derecho de voto es de peor calidad que el de quienes se quedan; si por irse, se convierte en un ciudadano de segunda, ¿qué motivación tendrá para regresar y devolver con creces lo que recibió de España?

Así, tanto derogar el voto rogado, que ha reducido el voto exterior —la representación de dos millones de conciudadanos— a la insignificancia, como proporcionar a quienes se van una adecuada representación de sus intereses, ya no es sólo una cuestión de derechos, sino también una necesidad en materia de política de innovación.

Las limitaciones del voto exterior obedecen a la incapacidad de entender la gran transformación, que también ha cambiado el paradigma de la emigración en España. La gente ya no se va fueran para toda una vida. En 2014 un avión tarda ocho horas en llegar de Santo Domingo a Madrid, lo mismo que un tren TER de Pamplona a Madrid en 1970. Los españoles del exterior recibe información sobre España en los mismo canales de televisión, periódicos digitales, redes sociales que los de dentro.

Las limitaciones del voto exterior carecen pues de justificación, y suponen una merma de los derechos de dos millones de españoles y un perjuicio para los intereses de España.

¿Si no pagas, no votas?

English: US Registration plate as seen in 2008...

El pago de impuestos lleva aparejado el derecho de voto. ¿Si no pagas, no votas? (Photo credit: Wikipedia)

Durante la reciente reunión del Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, Marina del Corral, la secretaria general de migraciones, y varios políticos, entre ellos Alfredo Prada, responsable del PP en el exterior, anunciaron cambios en la normativa que rige el voto exterior. Yo deseo la derogación del voto rogado, es decir la obligación de solicitar el voto, que ha herido fatalmente la participación electoral de los de españoles que viven en el extranjero. Y creo también que deberíamos ir hacia la creación de circunscripciones exteriores. Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo en que se equiparen nuestros derechos electorales con los de quienes viven en España.

Un funcionario del servicio exterior me confiaba hace algún tiempo que él no era partidario de que tuviéramos derecho de votar, por las dificultades que entraña organizar el voto. Sostenía también que estamos desligados de España como consecuencia de nuestra ausencia del país —los emigrantes no tienen interés por lo que sucede en España, me dijo—. En cualquier caso, añadió, al no ser residentes fiscales, no contribuyen con sus impuestos a sufragar las cargas del Estado. Mi interlocutor invertía el principio que le costó a Inglaterra la pérdida de sus colonias norteamericanas: «no taxation without representation», es decir, el pago de impuestos lleva aparejado el derecho de voto. En su conjetura, pues, si no pagas, no votas.

Mi postura es menos alambicada que la de nuestro funcionario del servicio exterior y me temo que pueda carecer de fundamento jurídico: Yo creo que tengo todo el derecho a votar y a ser elegido exclusivamente por mi condición de español. Mi condición de español es esencial y el hecho de vivir fuera es accidental. A las autoridades les corresponde la obligación de resolver los problemas técnico-jurídicos que este «accidente» plantea, evitando enfoques sectarios y cálculos electorales, así como respetando los derechos que la condición de ser español genera.

Sin olvidar, claro, que la contribución económica de los españoles del exterior no es desdeñable, desde las remesas de dinero que han contribuido históricamente a aliviar el déficit crónico de la balanza de pagos (10 mil millones de euros en la actualidad), pasando por nuestras inversiones en bienes españoles o el pago de impuestos locales por las casas que todos soñamos tener en nuestra tierra chica, hasta el ahorro que supone a la hacienda española nuestra decisión de partir y no ser una carga para el Estado.