La campaña por mi cuenta (4): Hoy toca Ciudadanos


Cuando escribo esto, me entero de que el Mortadelo de turno ha dado un golpe político a la 11M, revelando una conversación del ministro del Interior a pocos días de las elecciones. El atentado contra Aznar, el propio 11M y ahora el Mortadelo: al final, mucha resistencia siempre para que gobiernen las derechas, como diría Pablo Iglesias, y siempre ilegítima. Bien, yo a lo mío.


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¿Quién es el Citronio  de Ciudadanos?

No sé muy bien qué decir de (contra) Ciudadanos. Vamos a ver, Rivera es un héroe cívico español que ha hecho frente a los tarugos del separatismo catalán. Dios sabe cuán duro es vivir día a día con una amenaza latente, disimulada entre la falsa condescendencia de los separatas (¿han visto las risas de hiena que dirigen en el Parlament a sus adversarios?)

 Arrimadas es una Juana de Arco española o, mejor, una Agustina de Aragón millenial que dispara andanas de coraje y verdad. En Bruselas, colaboro con varios simpatizantes de Ciudadanos dentro de Sociedad Civil Catalana Europa,  a quienes adoro. Además, Rivera ha sido clave a la hora de impedir que el PSOE tuviese tentaciones de deslizarse hacia el Frente Popular durante la pasada legislatura.

¿Entonces qué, Joaquín? Pues eso, que hay poco que decir de Ciudadanos España, que surgió para evitar la debacle de las derechas y que tendrá que desaparecer para que el sistema electoral no impida para siempre el regreso de aquéllas. Y que, a fin de cuentas, la flamante jefa de gabinete de Rivera era un cargo de confianza en Moncloa, (¡cómo están los cargos de confianza!, que se lo digan al ministro del Interior) y al final  habrá que retirar el veto a Mariano. Aunque sea por España.

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Guía de príncipes para las (grandes) coaliciones

Nuestros políticos, los pobres, llevan casi tres meses de estrés después de la campaña electoral y las infructuosas negociaciones para formar gobierno. Para ayudarles a pasar el trago, ofrezco aquí una cartilla de principios elementales que conducen irremisiblemente a la formación de un gobierno por el bien de España.

Los mi maquiaveloprincipios elementales son los siguientes:

  • La primera consideración es, naturalmente, el bien de España; todos los demás principios ceden ante este.
  • Sorprendentemente, el bien de España coincide con la voluntad de los españoles, con lo que quieren los españoles.
  • Lo que quieren los españoles se resume en dos palabras: catarsis y estabilidad.
  • Estabilidad significa aprovechar la mejora económica y abstenerse de experimentos sin recorrido en la UE
  • Catarsis significa: «ya está bien, basta de políticos ladrones de uno u otro signo».

De estos principios se sigue la formación de un gobierno de gran coalición con mayoría suficiente para:

  • acordar una reforma de la constitución y de las leyes que rigen el funcionamiento de los partidos políticos
  • pactar una legislatura corta (dos años) que permita culminar dicha reforma y renovar de los pies a la cabeza los partidos
  • desinflar a los partidos populistas, sometidos al desgaste del gobierno (municipal)
  • Frenar a los separatistas.

Para alcanzar este objetivo nacional, lo de menos es quién va a ser presidente de gobierno o qué partido prevalecerá. Si España se va al traste, y se corre el riesgo, todos serán igualmente responsables. Ante Dios y ante la Historia.

Admito que el esquema es simplista, pero la política al final siempre lo es. ¿A qué estamos esperando?

 

 

Europeas: la guerra sucia por el voto exterior

paralamento europeo¿Han provocado los recortes un exilio masivo de jóvenes? ¿Se opone el gobierno a la supresión del voto rogado? ¿Pierden los españoles el derecho a la asistencia sanitaria al emigrar? Estas han sido tres de las cuestiones que se han debatido en los últimos meses y pueden influir  en las próximas citas electorales y, muy particularmente, la elecciones europeas. El propio presidente Rajoy ha tenido que garantizar en el Congreso que todos los ciudadanos españoles que salgan al extranjero volverán a tener su tarjeta sanitaria cuando regresen.

Sabemos ya que las elecciones europeas se ganarán por un estrecho margen de votos. Es aquí donde juega su papel el voto exterior, pues estas elecciones son de circunscripción única (los votos computan en una sola lista para toda España). En efecto, cerca de 1.700.000 españoles expatriados tienen derecho a votar, lo que significa que su influencia en el resultado final podría ser, sobre el papel, equivalente a la de Valencia o Sevilla, aunque debido a las particularidades de la comunidad exterior y las limitaciones de voto rogado será menor. Si se repite el porcentaje de voto exterior de las pasadas europeas, este podría representar más de 300.000 votos emitidos. Aunque en las elecciones de 2009 el PP superó en algo más de 500.000 sufragios el resultado del PSOE, la esperada dispersión del voto en esta ocasión hará que los españoles del exterior influyan decisivamente sobre la mayoría minoritaria que cantará victoria en la noche del 25 de mayo de 2014.

Pese a revestir la europeas una enorme importancia, los partidos tendrán la tentación de apuntar su artillería pesada a las cuestiones internas, dejando las propuestas por un proyecto europeo ilusionante en segundo plano, en detrimento de los españoles del exterior, que somos beneficiarios directos de la construcción europea. Por ello me parece particularmente reprobable la demagogia que se está haciendo con las cuestiones que introducen estas líneas.

Me atrevo a augurar que más allá de la guerra sucia por el voto exterior que algunos partidos llevan a cabo, se llevará el gato al agua del voto exterior el partido que sepa articular propuestas en estas elecciones que beneficien a los españoles en el extranjero, así como la adecuada representación de sus intereses en el Parlamento Europeo.

Doce de Octubre: ¿América o Europa?

El gobierno de España ha solicitado recientemente a la Comisión Europea que se retire la obligación de visado a los ciudadanos de Colombia y de Perú, vigente desde la entrada en vigor del espacio Schengen en 2001. En aquella ocasión, el gobierno abandonó la diplomacia tradicional de España y optó por la Europa de Maastricht y el euro, atrayéndose duras críticas de las repúblicas latinoamericanas y sus intelectuales.

Hasta entonces, España había conseguido exportar allí el modelo político de la transición y, al mismo tiempo, emprender un vasto programa de inversiones destinado a crear las multinacionales que la economía española necesitaba para equipararse con sus socios europeos.

Casualmente, después del abandono de Schengen, surgen Chávez (2002), el kirchnerismo (2003), Evo Morales (2005), Rafael Correa (2007) que devuelven a sus repúblicas a la tradición populista y rechazan el modelo político y la injerencia económica española, calificándola de colonialismo. La crisis económica marcará las horas más bajas desde que España lanzó el proyecto de una comunidad iberoamericana de naciones.

El acercamiento del gobierno de Rajoy a la Alianza del Pacífico, con el gesto de los visados, marca tal vez el comienzo de una nueva época en la que España debe volver al objetivo que se había fijado cuando ingresó en la Comunidad Europea: servir de puente a los intereses de Latinoamérica en Europa. Si es así, España debe actuar sin afectación, ni paternalismo, ni arrogancia, sino como un socio a parte entera de las repúblicas latinoamericanas, desde el convencimiento de que lo que es bueno para ellas es bueno para España.

Algunas empresas españolas lo han entendido ya. Durante mi estancia en Harvard tuve la oportunidad de compartir aula con un grupo de jóvenes de todo el continente americano, que estaban becados por el Banco de Santander y Telefónica. El contacto con ellos, con su juventud, su inteligencia, el futuro extraordinario que tenían ante sí, me devolvió el entusiasmo de las ideas de juventud que me llevaron a estudiar Historia de América en Sevilla.

En este Doce de Octubre, desde Bruselas, propongo que España emprenda una nueva asociación con Latinoamérica y que se bata el cobre en los pasillos del Berlaymont, por nuestros hermanos y, ahora, socios en el proyecto de crear un mundo más próspero y mejor.

“Victus” y la legislatura de todos los peligros

“Victus, Barcelona 1714″, de Albert Sánchez Piñol, es una de las novelas que más me ha gustado recientemente. Me parece muy literaria, en particular, la parte de la iniciación de Martí Zuviría, el protagonista, como ingeniero militar junto a Vauban. Se dan cita en ella la mística (“el misterio”), las enseñanzas y personajes míticos y el amor adolescente. La faceta picaresca de las andanzas del protagonista, sin embargo, me irritó un poco. En fin, el asedio de Barcelona está narrado con dramatismo y tintes épicos y nos devuelve a la ciencia del sitio y la defensa de fortalezas, que el autor conocer bien.

Uno de los motivos que me llevó a leer “Victus” fue encontrar alguna clave histórica sobre las exigencias los nacionalistas catalanes, cuyo primer vencimiento han fijado estos en el referéndum de 2014, 300 años después de la rendición de Barcelona a las tropas borbónicas. Dice la prensa que el presidente Rajoy ha elegido “Victus” como lectura verano, con el objetivo también de entender mejor el que probablemente va a ser uno de los mayores retos de la legislatura.

En efecto, en esta legislatura de todos los peligros, Rajoy ha tenido que enfrentarse, en un contexto de crisis institucional y política, a la dura realidad de la crisis económica y a fuerzas contrarias, hiperactivas tras 20 años de socialismo: mareas blancas, verdes, medios de comunicación soliviantados. Luego vinieron las gigantescas presiones para el rescate. El presidente acertó resistiendo.Y pienso que lo hizo principalmente por pura voluntad de supervivencia del Estado y convicción de la razón de ser de España. Esta es mucho más fuerte entre los españoles de lo que los nacionalistas suponen.

“Victus” es una novela, no un tratado de Historia; las claves que podemos deducir son las que son. El autor bosqueja algunas diferencias de carácter de los catalanes con los castellanos para dar color. Destaca la notable circunstancia de que el defensor de Barcelona no era catalán, el general Villarroel, que actúa por principios de ética personal, como tantos otros, por ejemplo, los principales catalanes que, contrarios a la lucha contra Felipe V, se sumarán a los defensores. Casanovas y la élites catalanes salen mal paradas. Al final, la defensa de Barcelona recuerda a “Un día de cólera” de Pérez Reverte, pues es el pueblo quien, abandonado por sus dirigentes, sale a defender sus casas y sus vidas, más allá de las raíces del conflicto.

Una historia bien española.