Las europeas podrían ganarse en… América

america_latina1Desde la Tierra del Fuego hasta la Miami tropical; desde la frenética isla de Manhatan hasta la señorial Miraflores limeña, pasando por ese orgullo de la Hispanidad que es México DF; a ambas orillas del Río de la Plata; en la selva, en el llano, en la sierra, un millón de españoles podría ser decisivos para Europa, para el destino de España, si se movilizan en las próximas elecciones europeas.

Mando un saludo al bravo Alfredo Prada, que en la actualidad recorre literalmente los cuatro puntos cardinales del continente predicando la participación en estas elecciones, tan importantes para España. Quiero apoyar su esfuerzo descomunal con algunos argumentos dirigidos específicamente a los españoles de América que se pregunten: «Y a mí, ¿qué se me perdió en Europa?»

  • Si votas en las generales porque te interesa España, ¿por qué no habrías de votar en las europeas? Desde América, estas elecciones pueden parecer lejanas y distantes, pero en realidad son cruciales para España. ¡Cerca el 70% de las leyes y reglamentaciones de España están influidas por normas de la Unión Europea sobre las que el Parlamento Europeo tiene capacidad de decisión!
  • Europa te da derechos: ¡ejércelos! Aunque vivas en América, si eres español eres también ciudadano europeo. La Ciudadanía Europea te da derecho a votar en estas elecciones y decidir sobre el futuro de Europa y de España.
  • Desde América, tu voto cuenta, tu voto suma Tu voz debe escucharse en Europa para que los intereses de los españoles del exterior estén debidamente defendidos y representados por los eurodiputados. Los progresos de los ciudadanos en Europa, pueden beneficiar también a los de América. (Véase: «La UE no quiere límites al voto de los emigrantes».)
  • Los españoles que viven en América son embajadores de Europa España desea ser el «puente» entre ambos continentes y los éxitos de España serán los de los españoles de América, como ha sucedido con la supresión del visado para los ciudadanos de Perú y de Colombia. En Europa, España puede hacer mucho por América, impulsando acuerdos comerciales y de cooperación o abogando por un mejor trato para los productos americanos en Europa.
  • ¡Es el momento de demostrar que los españoles del exterior contamos! Los españoles del exterior somos cerca de 1.700.000 electores, un millón solo en América. Somos la cuarta provincia de España. Las europeas son elecciones de circunscripción única: todos los votos van a la misma lista, sin dispersarse por provincias. Nuestro voto será determinante y demostraremos que vale igual que el de los demás españoles.

Seguro que hay muchas más razones. Cuéntamelas aquí, pero, entretanto, no pierdas el tiempo: ¡solicita tu documentación electoral! (instrucciones).

 

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Cinco razones para que los españoles del exterior voten en la europeas

040114_1001_eleccionese1El plazo para solicitar el voto a las elecciones europeas se abre el uno de abril y concluirá el sábado 26 de abril. Veintiséis días decisivos para más de 1.700.000 españoles inscritos en el CERA, que tendrán en sus manos el destino de Europa, pero también el destino político de los más de dos millones de compatriotas que vivimos fuera de España.

Se me ocurren cinco razones por las que un español del exterior, un emigrante, tiene que solicitar el voto:

  • Porque, aunque vivamos fuera, España también es nuestra y nos interesa: ¡Cerca el 70% de las leyes y reglamentaciones de España están influidas por normas de la Unión Europea sobre las que el Parlamento Europeo tiene capacidad de decisión!
  • Porque hay mucho en juego: El Parlamento Europeo tiene ahora más poder que nunca y su contribución a nuestro bienenstar es fundamental. Sin embargo, muchos quieren aprovecharse del desencanto causado por la crisis para restringir derechos que benefician a nuestros ciudadanos o la solidaridad con nuestros agricultores y nuestras regiones, o con los países en crisis (véase: Europeas: ¡No te castigues con tu voto de castigo!)
  • Porque es el momento de demostrar que los españoles del exterior contamos: Somos más de 1.700.000 electores. Las europeas son elecciones de circunscripción única; todos los votos van a la misma lista, sin dispersarse por provincias.  Nuestro voto será determinante y demostraremos que vale igual que el de los demás españoles.
  • Porque movilizándonos apoyamos la reforma del voto rogado, que ha causado un importante descenso en la participación electoral de los que vivimos en la Cuarta Provincia, no solo en detrimento del principio de igualdad entre españoles, sino de la propia defensa de los intereses de quienes vivimos fuera. Así, los eurodiputados podrían aprobar normas que afecten al derechos de libre circulación sin que tengamos voz suficiente en Estrasburgo.

Seguro que hay muchas más razones. Cuéntamelas aquí, pero, entretanto, no pierdas el tiempo: ¡solicita tu documentación electoral! (instrucciones).

Las expulsiones de Bélgica y el referéndum suizo

flagge-schweizLas expulsiones de ciudadanos españoles en Bélgica han abierto un nuevo frente de la guerra sucia por el voto exterior. En esta guerra, por encima de la búsqueda de soluciones para las personas, se politizan los problemas tratando de obtener réditos electorales y, peor aún, se introducen mensajes populistas, extremadamente corrosivos, que perjudican a quienes vivimos en el exterior.

Aireado por algunos medios de comunicación, el mensaje populista es en este caso que el principio de la libre circulación de personas, un derecho fundamental establecido por la Unión Europea, no vale para nada, no protege a los emigrantes, puesto que la UE no sería más que una construcción para favorecer a quienes tienen dinero. El reciente referéndum suizo, en virtud de cuyo resultado la Confederación denunciará los acuerdos de libre circulación con la UE, pone la cuestión en sus justos términos, como se verá más adelante.

Pero antes quiero ilustrar como se está fraguando este mensaje populista, comentado un reciente programa de Antena 3, Espacio Público, donde intervino el diputado de Izquierda Unida, Alberto Garzón, quien se hizo portavoz del mensaje de la “hipocresía de la Unión Europea”. Garzón negó la existencia de una política social europea o incluso una política común de inmigración. La intervención de una asistente social de la activísima y meritoria asociación Hispano-Belga asbl, financiada por organismos y administraciones belgas, desbarató involuntariamente la estrategia política de “Espacio Público”, explicando que en muchas ocasiones se abusa del sistema belga de protección social, que todavía hay trabajo para quien quiera trabajar y que se atiende a los casos más graves.

No obstante, la clave del debate es el referéndum suizo: se acabó el instalarse libremente en Suiza, derecho que había exigido la UE para compartir otras libertades con los suizos, como la libre circulación de mercancías y capitales. Vuelven los contingentes, el numerus clausus para entrar el país, los controles humillantes en las fronteras.  Peor aún, desaparece la posibilidad de hacer valer tus derechos sociales frente a una jurisdicción independiente: el Tribunal de Justicia de la Unión Europea.  Peor aún: un telediario dela BBC abrió el día del referéndum anunciado que “Suiza se atreve a hacer lo que muchos otros países quieren hacer…”

En estas difíciles circunstancias me parece que, en lugar de hacer demagogia a costa del sufrimiento de las personas, es preciso defender en Europa la ciudadanía europea y la libertad de circulación y residencia sin discriminaciones. La libertad de circulación es un derecho fundamental de la UE y, como tal, habrá de exigirse a las instituciones europeas que la apliquen efectivamente e interpreten sus disposiciones de modo proporcionado y flexible, teniendo en cuenta la situación de crisis que vive Europa. La ciudadanía europea y la libertad de circulación no son negociables.

 

Europeas: ¡No te castigues con tu voto de castigo!

Esta vez es distinto. La elecciones europeas de 2014 revisten una enorme importancia. Está en juego la estabilidad del Parlamento Europeo, amenazada por el desencanto ciudadano y la emergencia de partidos populistas y formaciones filibusteras. Sin embargo, El Parlamento Europeo tiene ahora más poder que nunca y su contribución a la consolidación del euro y de la construcción europea es fundamental.

El Parlamento Europeo tiene también poder de decisión en materias que van desde la agricultura, el comercio, el medio ambiente, la cohesión regional, el mercado interior, al euro y muchas más. La actividad de la Unión Europea afecta a un 70 por ciento de las leyes y reglamentaciones españolas.  La Unión Europea no es un lugar lejano, dominado por unos señores lustrosos, vestidos más o menos de negro. Es otra dimensión de España, como sostenía yo en “Bruselas es España“.

Por ello, el voto en las elecciones al Parlamento Europeo exige la misma circunspección y responsabilidad que en las elecciones a Cortes en España. Menudean en estos tiempos partidos que surgen por el narcisismo de sus impulsores, que quieren aprovechar la situación de crisis en beneficio propio, o que simplemente, por xenófobos, quieren erigir barreras entre los países o desguazar la construcción europea. Unas elecciones sin significado invitarían a los ciudadanos a expresar su decepción votando a estos partidos, sin preocuparse por las consecuencias de su voto.

Sin embargo, un Parlamento Europeo inestable o antieuropeo, valga la contradicción, no sería amistoso con usted, receptor de las ayudas agrícolas que le dejan subsistir, o con su pueblo, que financia con los fondos europeos de solidaridad regional esa carretera vital, o con su primo que salió de España para trabajar en Europa sin discriminaciones, como los trabajadores del país que le acogió. Un Parlamento Europeo inestable o antieuropeo sería indiferente ante los obstáculos que su empresa sufra si quiere salir afuera a pelear por las oportunidades que la crisis le niega. Un Parlamento Europeo así sería indiferente ante la crisis de su país y bloquearía la solidaridad europea que ha impedido la bancarrota de tantos Estados miembros. Un Parlamento Europeo así sería impotente frente a las tensiones que dañan el principio de la integridad territorial, básico para salvaguardar la paz en Europa.

A los partidos que creen en Europa no les sobra tiempo para explicar lo que está en juego, pero aún pueden mostrar su credibilidad enviando a Bruselas gente comprometida con Europa y con las competencias adecuadas para ejercer su labor en un entorno multilingüe y exigente. Usted tal vez lo tenga más fácil, basta con que no se castigue con su voto de castigo. Y, desde luego, exija resultados.

Doce de Octubre: ¿América o Europa?

El gobierno de España ha solicitado recientemente a la Comisión Europea que se retire la obligación de visado a los ciudadanos de Colombia y de Perú, vigente desde la entrada en vigor del espacio Schengen en 2001. En aquella ocasión, el gobierno abandonó la diplomacia tradicional de España y optó por la Europa de Maastricht y el euro, atrayéndose duras críticas de las repúblicas latinoamericanas y sus intelectuales.

Hasta entonces, España había conseguido exportar allí el modelo político de la transición y, al mismo tiempo, emprender un vasto programa de inversiones destinado a crear las multinacionales que la economía española necesitaba para equipararse con sus socios europeos.

Casualmente, después del abandono de Schengen, surgen Chávez (2002), el kirchnerismo (2003), Evo Morales (2005), Rafael Correa (2007) que devuelven a sus repúblicas a la tradición populista y rechazan el modelo político y la injerencia económica española, calificándola de colonialismo. La crisis económica marcará las horas más bajas desde que España lanzó el proyecto de una comunidad iberoamericana de naciones.

El acercamiento del gobierno de Rajoy a la Alianza del Pacífico, con el gesto de los visados, marca tal vez el comienzo de una nueva época en la que España debe volver al objetivo que se había fijado cuando ingresó en la Comunidad Europea: servir de puente a los intereses de Latinoamérica en Europa. Si es así, España debe actuar sin afectación, ni paternalismo, ni arrogancia, sino como un socio a parte entera de las repúblicas latinoamericanas, desde el convencimiento de que lo que es bueno para ellas es bueno para España.

Algunas empresas españolas lo han entendido ya. Durante mi estancia en Harvard tuve la oportunidad de compartir aula con un grupo de jóvenes de todo el continente americano, que estaban becados por el Banco de Santander y Telefónica. El contacto con ellos, con su juventud, su inteligencia, el futuro extraordinario que tenían ante sí, me devolvió el entusiasmo de las ideas de juventud que me llevaron a estudiar Historia de América en Sevilla.

En este Doce de Octubre, desde Bruselas, propongo que España emprenda una nueva asociación con Latinoamérica y que se bata el cobre en los pasillos del Berlaymont, por nuestros hermanos y, ahora, socios en el proyecto de crear un mundo más próspero y mejor.

Un líder para la crisis

From left to right. British Prime Minister Cle...

El “Premier” Clement Attlee, en una foto menos conocida, con Truman y Stalin. Conferencia de Potsdam,1945. (Photo credit: Wikipedia)

Winston Churchill, el escritor, el político, el soldado, el gigante, perdió las elecciones poco después de haber dado la victoria al pueblo británico en la Segunda Guerra Mundial. Le sucedió, como es sabido, el laborista Clement Attlee, que instauró el régimen del bienestar en el Reino Unido, concedió la independencia a la India y abandonó Palestina. Ambos están considerados como dos de los mejores políticos británicos modernos.

Se ha tratado en España durante la pasada semana de quién debe ejercer y cómo el liderazgo para sacar al país de la crisis. Lo que sucedió con Churchill significa, a mi juicio, que cada época requiere un tipo distinto de liderazgo. A veces es necesario galvanizar al país, insuflarle brío, recobrar prestigio. Otras es necesario el perfil bajo, la discreción, la piedad probablemente.

Un líder español que, en un arrebato visionario propusiese gastar de nuevo 15 mil millones de euros en un plan keynesiano abocaría al país a la bancarrota; si otro líder, igualmente arrebatado, actuara imprudentemente, por ejemplo, en Cataluña podría provocar un incendio. En España las condiciones actuales requieren un liderazgo basado en la prudencia, el espíritu reformista y la ley como línea infranqueable. Creo que es lo que hay y que esto, además, tiene el apoyo de mucha gente.

Por otra parte, como sostuve en «En defensa de los eurócratas», los países de la Unión Europea han delegado muchas competencias a «Bruselas», tal vez para protegerse de las genialidades de sus propios políticos. Esta circunstancia resta brillo a los líderes nacionales, que se difuminan en los premiosos Consejos Europeos, y podría asimismo explicar el fenómeno de la ausencia de líderes en la Europa actual. Que no quiere decir que sea una cosa mala. En calquier caso, el ámbito propicio para engendrar un liderazgo de dimensiones churchilianas no son ya los Estados, sino la propia Europa. ¿Se imaginan a un español líder carismático de la Unión Europea?

Bruselas es España

Como el 9 de mayo es el día de Europa, voy a tratar de explicar porqué Bruselas, la capital de Europa, es también España, aunque parezca paradójico.  En efecto, Bruselas aparece como el ogro ese que va dando voces: «Mariano, suba los impuestos, recorte y me cruja a este y a este otro». Así traducen la legión de hermeneutas de la actualidad dos preguntas: ¿cuál va a ser su déficit y qué reformas está haciendo para reducirlo y crear empleo?

España acaba de presentar a «Bruselas» el Programa de Estabilidad y el Programa Nacional de Reformas con la respuesta a aquellas dos preguntas del ogro. Que las lleva formulando por cierto desde 1998 y 2005, respectivamente, a todos los miembros de la eurozona y no sólo a España porque nos tenga ojeriza.

Es decir, España cedió esta parte de su soberanía a «Bruselas», como había hecho ya antes con la política agrícola o la política aduanera, por propia voluntad, lo cual no quieren decir que hayan dejado de ser suyas. Lo que pasa es que están en un nivel de administración nuevo: el europeo, que culmina los niveles local, regional y nacional. Y en este nivel se juega un partido contra 400 millones de tíos dispuestos a defender con uñas y dientes sus intereses legítimos. A veces, da la sensación de que no queremos jugar ese partido.

Por ejemplo, no habrá este año ni un solo orador español en la European Business Summit, un acontecimiento anual que se celebra en Bruselas, en el que intervienen centenares de políticos de la UE, altos funcionarios, empresarios, think tanks, lobbies, etc. y se fraguan las ideas que harán avanzar Europa en una dirección u otra.

El Partido Popular de España en Bélgica abordó esta cuestión en una enmienda a la ponencia «Comprometidos con Europa», que se aprobó en el XVII Congreso Nacional del PP, celebrado en 2012: «España ha desertado de Europa. El primer paso para volver a Europa e influir es disponer de gente adecuada en los sitios clave. Para instalarse con resolución en Bruselas es preciso utilizar en igual medida, como se ha dicho, “el capital humano y la voluntad política”.» En esta línea se expresó, Antonio López-Istúriz, secretario general del PPE, líder consolidado del PP para Europa en unas recientes declaraciones a RTVE.

No olvidemos, pues, Bruselas es España y dar la batalla en Bruselas, es darla por España.

La cuarta provincia de España

Los españoles que vivimos fuera de España constituimos, por población, la cuarta provincia de España por delante incluso de la provincia de Sevilla. Este blog está dedicado a todos ellos y, en particular, a quienes viven en Europa, que en los próximos años acogerá a cerca de un millón de españoles. Aquí se comentarán los acontecimientos nacionales, pero se abogará sobre todo por que los españoles tengan los mismos derechos dentro y fuera de España.

Yo quiero que los de fuera tengamos representación en las Cortes mediante la creación de circunscripciones españolas en el mundo. Quiero también que se consolide la libre circulación de personas en la Unión Europea, que ha devuelto derechos importantes a todos los españoles del exterior. Las próximas elecciones europeas de 2014 son una buena ocasión para avanzar y también, pese a la dificultad de crear nuevas circunscripciones, para hacer un gesto hacia la cuarta provincia de España.