Competitividad, innovación y reforma del voto exterior

En la presentación de la fundación Transforma España, promovida por el ex ministro Eduardo Serra, defendí que el voto exterior puede ser crucial para la competitividad de España.

En la presentación de la fundación Transforma España, promovida por el ex ministro Eduardo Serra, defendí que el voto exterior puede ser crucial para la competitividad de España.

A propósito de los científicos jóvenes que «no ven salida en su patria», el Rey Felipe VI manifestó en una reciente visita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que «no podemos permitirnos el lujo de prepararlos para que salgan al extranjero».

Es un hecho, si bien no sabemos aún cuantificar su dimensión, que de la «generación mejor preparada de la Historia» muchos abandonan España para buscar trabajo. La inversión es pues aparentemente ruinosa: pagamos por formar a nuestros jóvenes en beneficio de los países extranjeros que los contratan.

Sin embargo, hay una posibilidad de rentabilizarla. Porque quienes van a trabajar fuera adquirirán una experiencia preciosa y nuevos conocimientos en empresas, universidades y laboratorios, muchas veces punteros. Recuperar ese know how es lo que conferirá valor añadido a la inversión de España. Recobrar a nuestros científicos —y en general a nuestros profesionales— emigrantes nos hace más competitivos y merece ser parte de la política nacional de innovación, como ya los es atraer investigadores extranjeros a España ¿Cómo recobrarlos? Por supuesto, creando de nuevo oportunidades, pero sobre todo manteniendo el vínculo de pertenencia a la patria, alimentando el deseo de regresar.

A este respecto, si el trance de salir de España conlleva además una merma de derechos, ¿cómo se restablecerá el vínculo? Si, por el hecho de abandonar España, nuestro científico o profesional joven ya no puede votar en su pueblo, o su derecho de voto es de peor calidad que el de quienes se quedan; si por irse, se convierte en un ciudadano de segunda, ¿qué motivación tendrá para regresar y devolver con creces lo que recibió de España?

Así, tanto derogar el voto rogado, que ha reducido el voto exterior —la representación de dos millones de conciudadanos— a la insignificancia, como proporcionar a quienes se van una adecuada representación de sus intereses, ya no es sólo una cuestión de derechos, sino también una necesidad en materia de política de innovación.

Las limitaciones del voto exterior obedecen a la incapacidad de entender la gran transformación, que también ha cambiado el paradigma de la emigración en España. La gente ya no se va fueran para toda una vida. En 2014 un avión tarda ocho horas en llegar de Santo Domingo a Madrid, lo mismo que un tren TER de Pamplona a Madrid en 1970. Los españoles del exterior recibe información sobre España en los mismo canales de televisión, periódicos digitales, redes sociales que los de dentro.

Las limitaciones del voto exterior carecen pues de justificación, y suponen una merma de los derechos de dos millones de españoles y un perjuicio para los intereses de España.