Guía de príncipes para las (grandes) coaliciones (REMIX)

mi maquiavelo¿Por qué no volver a la gran coalición? Así se repartiría la responsabilidad de gestionar los graves problemas que nos acucian: el separatismo catalanista, el terrorismo yihadista, el populismo, las consecuencias del BREXIT sobre la construcción europea, tal vez el fin del orden de la 2ª Guerra Mundial si gana Trump las presidenciales en EE.UU., los efectos de la crisis. Dos  o tres años de gobierno de corresponsabilidad, con el apoyo del 80% de los españoles. Dos o tres años para reformar la Constitución y capear el temporal. ¿Estamos o no a la altura de las circunstancias?

Origen: Guía de príncipes para las (grandes) coaliciones

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La campaña por mi cuenta (4): Hoy toca Ciudadanos


Cuando escribo esto, me entero de que el Mortadelo de turno ha dado un golpe político a la 11M, revelando una conversación del ministro del Interior a pocos días de las elecciones. El atentado contra Aznar, el propio 11M y ahora el Mortadelo: al final, mucha resistencia siempre para que gobiernen las derechas, como diría Pablo Iglesias, y siempre ilegítima. Bien, yo a lo mío.


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¿Quién es el Citronio  de Ciudadanos?

No sé muy bien qué decir de (contra) Ciudadanos. Vamos a ver, Rivera es un héroe cívico español que ha hecho frente a los tarugos del separatismo catalán. Dios sabe cuán duro es vivir día a día con una amenaza latente, disimulada entre la falsa condescendencia de los separatas (¿han visto las risas de hiena que dirigen en el Parlament a sus adversarios?)

 Arrimadas es una Juana de Arco española o, mejor, una Agustina de Aragón millenial que dispara andanas de coraje y verdad. En Bruselas, colaboro con varios simpatizantes de Ciudadanos dentro de Sociedad Civil Catalana Europa,  a quienes adoro. Además, Rivera ha sido clave a la hora de impedir que el PSOE tuviese tentaciones de deslizarse hacia el Frente Popular durante la pasada legislatura.

¿Entonces qué, Joaquín? Pues eso, que hay poco que decir de Ciudadanos España, que surgió para evitar la debacle de las derechas y que tendrá que desaparecer para que el sistema electoral no impida para siempre el regreso de aquéllas. Y que, a fin de cuentas, la flamante jefa de gabinete de Rivera era un cargo de confianza en Moncloa, (¡cómo están los cargos de confianza!, que se lo digan al ministro del Interior) y al final  habrá que retirar el veto a Mariano. Aunque sea por España.

Guía de príncipes para las (grandes) coaliciones

Nuestros políticos, los pobres, llevan casi tres meses de estrés después de la campaña electoral y las infructuosas negociaciones para formar gobierno. Para ayudarles a pasar el trago, ofrezco aquí una cartilla de principios elementales que conducen irremisiblemente a la formación de un gobierno por el bien de España.

Los mi maquiaveloprincipios elementales son los siguientes:

  • La primera consideración es, naturalmente, el bien de España; todos los demás principios ceden ante este.
  • Sorprendentemente, el bien de España coincide con la voluntad de los españoles, con lo que quieren los españoles.
  • Lo que quieren los españoles se resume en dos palabras: catarsis y estabilidad.
  • Estabilidad significa aprovechar la mejora económica y abstenerse de experimentos sin recorrido en la UE
  • Catarsis significa: «ya está bien, basta de políticos ladrones de uno u otro signo».

De estos principios se sigue la formación de un gobierno de gran coalición con mayoría suficiente para:

  • acordar una reforma de la constitución y de las leyes que rigen el funcionamiento de los partidos políticos
  • pactar una legislatura corta (dos años) que permita culminar dicha reforma y renovar de los pies a la cabeza los partidos
  • desinflar a los partidos populistas, sometidos al desgaste del gobierno (municipal)
  • Frenar a los separatistas.

Para alcanzar este objetivo nacional, lo de menos es quién va a ser presidente de gobierno o qué partido prevalecerá. Si España se va al traste, y se corre el riesgo, todos serán igualmente responsables. Ante Dios y ante la Historia.

Admito que el esquema es simplista, pero la política al final siempre lo es. ¿A qué estamos esperando?

 

 

Por la participación de los ciudadanos, por el futuro de España

logoContribución a la Conferencia Política 2015 del PP:

Queremos más participación, más democracia. En el Partido Popular de España en Bélgica (PPEB) creemos que la buena política es la que consiste en ampliar el catálogo de derechos y libertades de los ciudadanos. El PP debe emprender este camino, porque es fundamental para el futuro de España que nuestro partido siga contando en la escena política.

España necesita un partido centro-derecha que sea capaz de mantener a nuestra nación en vanguardia de los países más libres y prósperos. En la vigente legislatura, el gobierno del PP ha abordado con abnegación la tarea de sacar a España de la crisis; ha afrontado con discreción el relevo de la monarquía; ha hecho frente con prudencia el desafío de los separatistas catalanes o la amenaza latente de la violencia etarra. Sin embargo, el PP ha sufrido un enorme desgate en todas las elecciones celebradas hasta ahora.

No creemos, en el PPEB, que el problema del PP se deba solo al desgaste de la crisis, a un déficit de comunicación, ni siquiera a los lamentables casos de corrupción. Pensamos que la causa profunda reside en una lectura insuficiente de la crisis de nuestro sistema político.

El sistema de la Constitución de 1978 se concibió en un momento muy específico de la historia de España. Hoy, casi cuarenta años después, España ha cambiado radicalmente: los ciudadanos quieren participar: es preciso revisar las normas que regulan la actividad política en favor de la participación de los ciudadanos.

La participación es particularmente necesaria dentro de los órganos y la estructura del PP. Los afiliados tienen que tener voz en la definición de las políticas y nombramientos del PP. Un partido es más fuerte cuando lo apoyan decenas de miles de ciudadanos, corresponsables de las decisiones de sus líderes. Los partidos no se reforman solo cambiando las caras, sino canalizando la energía y la inteligencia de sus afiliados.

En el exterior, somos particularmente sensibles a este respecto, puesto que se nos ha escamoteado incluso la representación, al limitar la Ley Electoral el voto de los que vivimos fuera. Pero no nos conformamos ya con la supresión del voto rogado. Desearíamos que un día, cuando las circunstancias lo permitan, se establezcan circunscripciones exteriores en las que podamos elegir a los representantes que mejor conozcan los problemas de quienes vivimos fueras.

Queremos pues más participación, más democracia. En el PPEB creemos que la buena política es la que consiste en ampliar el catálogo de derechos y libertades de los ciudadanos. El PP debe emprender este camino, porque es fundamental para el futuro de España que nuestro partido siga contando en la escena política

Por un voto igual para los españoles del exterior

convenciónEn la 5ª reunión del Consejo de españoles residentes en el exterior, que se celebró en dentro de la reciente convención del Partido Popular, presenté la ponencia sobre la reforma del voto exterior que sigue. En dicha reunión se acordó reclamar la supresión del voto rogado, así como la adopción de medidas para facilitar el voto exterior. Por otra parte, el Consejo de españoles residentes en el exterior debatirá la creación de circunscripciones exteriores en cuanto las circunstancias políticas lo permitan.

La reforma de Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG)

En 2011, ante los diversos abusos constatados en la tramitación del voto por correo CERA (censo electoral de residentes ausentes), se decide la reforma de la LOREG. A consecuencia de dicha reforma los españoles el exterior ya no podremos votar en las elecciones locales y, para hacerlo en las otras tendremos que pedirlo, se introduce el voto rogado. La participación electoral en el exterior desciende espectacularmente.

Así, en las legislativas de 2011 votará ¡menos del 5% del CERA!, frente al 32% que lo hizo en las de 2009. Salvando las diferencias de estos procesos, en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 se confirma la tendencia. Votará menos del 2% del CERA en comparación con el 14% por ciento que lo hizo en 2009. Aunque la idea inicial era frenar el fraude y aumentar la seguridad jurídica de los procesos electorales en el exterior, lo cierto es que la reforma ha asestado un golpe gravísimo a la participación política de los españoles que vivimos en el extranjero.

El sufragio y la igualdad, derechos fundamentales

Recordemos lo elemental: nuestra Constitución reconoce a todos los españoles el derecho de participar en la vida pública, directamente o a través de representantes; la constitución reconoce pues a todos los españoles el derecho de elegir o de ser elegido, como también garantiza el principio de igualdad entre los españoles.

Sin  embargo, la reforma de la LOREG ha creado una situación en la que dos millones de españoles, tal vez ya la tercera demarcación electoral después de Madrid y Barcelona, ven en la práctica su derechos restringidos. La reforma nos convierte en cierto modo en ciudadanos de segunda clase frente a los otros españoles, los de dentro, que conservan la integralidad de sus derechos.

La propia Unión Europa ha advertido que las limitaciones al voto de los ciudadanos europeos residentes en Estados miembros distintos del suyo es una restricción del derecho fundamental a la libre circulación de personas reconocido en los tratados de la UE.

El cambio ha llegado también a la emigración

Las limitaciones del voto exterior son todavía más incomprensibles si las analizamos a la vista de la gran transformación que están sufriendo España y el mundo, y que también ha cambiado el paradigma de la emigración en España. La gente ya no se va fuera de España para toda una vida. En 2015 un avión tarda ocho horas en llegar de Santo Domingo a Madrid, lo mismo que un tren TER de Pamplona a Madrid en 1970. Los españoles del exterior reciben información sobre España en los mismos canales de televisión, periódicos digitales, redes sociales que los de dentro.

Por otra parte, muchos de los nuevos emigrantes son gente en cuya educación España ha invertido mucho dinero y a quienes no les puede ofrecer un trabajo digno. Si, por el hecho de abandonar España, nuestro científico o profesional joven ya no puede votar en su pueblo, o su derecho de voto es de peor calidad que el de quienes se quedan; si por irse, se convierte en un ciudadano de segunda, ¿qué motivación tendrá para regresar y devolver con creces lo que recibió de España?

Circunscripciones del exterior: el PP es también el partido de los derechos

Las limitaciones del voto exterior carecen pues de justificación, y suponen una merma de los derechos de dos millones de españoles y un perjuicio para los intereses de España. Por otra parte, en el exterior ya no nos conformamos con instituciones de la emigración poco representativas y sin competencias, que son el reflejo del paternalismo de antaño.

El tacticismo político tampoco debe prevalecer sobre los derechos de los españoles del exterior. Partidos como Podemos han hecho bandera de la emigración de los jóvenes españoles. «El PP nos echa» dicen, «condena al exilio a la mejor generación de jóvenes de la historia».

La respuesta del PP debe ser la devolución de los derechos a los emigrantes españoles: lancemos el proyecto de la creación de circunscripciones exteriores, en las cuales se elijan diputados de la emigración surgidos de entre sus filas, que conozcan sus problemas y sean capaz de defender sus intereses, en suma de representarlos apropiadamente.

Soy consciente de que ello conlleva modificaciones importantes de la legislación en vigor, incluso de la constitución, y que tal vez no sea esta la coyuntura política ideal para afrontarlas. Pero no dejemos el proyecto para el final de los tiempos y comprometámonos a trabajar por el. Recuérdese que en Francia el presidente Sarkozy cumplió su promesa de circunscripciones exteriores en menos de dos años.

Lo que debemos hacer ahora

Entretanto podemos remediar el desastre actual derogando el voto rogado e instrumentando una serie de medidas para mejorar y facilitar el voto exterior, en primer lugar promoviendo el voto electrónico: en el país del DNI electrónico de tercera generación esto no debe de ser difícil de poner en práctica. En segundo lugar, permitiendo el voto en urna en consulados o locales apropiados. De este modo las posibilidades de fraude en el voto por correo se reducirían enormemente y la participación aumentaría incluso por encima de los niveles anteriores al voto rogado. La fidelidad de los datos del CERA podría obtenerse con una actualización periódica, aprovechando la realización de algún trámite consular.

Muchas gracias.

Competitividad, innovación y reforma del voto exterior

En la presentación de la fundación Transforma España, promovida por el ex ministro Eduardo Serra, defendí que el voto exterior puede ser crucial para la competitividad de España.

En la presentación de la fundación Transforma España, promovida por el ex ministro Eduardo Serra, defendí que el voto exterior puede ser crucial para la competitividad de España.

A propósito de los científicos jóvenes que «no ven salida en su patria», el Rey Felipe VI manifestó en una reciente visita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que «no podemos permitirnos el lujo de prepararlos para que salgan al extranjero».

Es un hecho, si bien no sabemos aún cuantificar su dimensión, que de la «generación mejor preparada de la Historia» muchos abandonan España para buscar trabajo. La inversión es pues aparentemente ruinosa: pagamos por formar a nuestros jóvenes en beneficio de los países extranjeros que los contratan.

Sin embargo, hay una posibilidad de rentabilizarla. Porque quienes van a trabajar fuera adquirirán una experiencia preciosa y nuevos conocimientos en empresas, universidades y laboratorios, muchas veces punteros. Recuperar ese know how es lo que conferirá valor añadido a la inversión de España. Recobrar a nuestros científicos —y en general a nuestros profesionales— emigrantes nos hace más competitivos y merece ser parte de la política nacional de innovación, como ya los es atraer investigadores extranjeros a España ¿Cómo recobrarlos? Por supuesto, creando de nuevo oportunidades, pero sobre todo manteniendo el vínculo de pertenencia a la patria, alimentando el deseo de regresar.

A este respecto, si el trance de salir de España conlleva además una merma de derechos, ¿cómo se restablecerá el vínculo? Si, por el hecho de abandonar España, nuestro científico o profesional joven ya no puede votar en su pueblo, o su derecho de voto es de peor calidad que el de quienes se quedan; si por irse, se convierte en un ciudadano de segunda, ¿qué motivación tendrá para regresar y devolver con creces lo que recibió de España?

Así, tanto derogar el voto rogado, que ha reducido el voto exterior —la representación de dos millones de conciudadanos— a la insignificancia, como proporcionar a quienes se van una adecuada representación de sus intereses, ya no es sólo una cuestión de derechos, sino también una necesidad en materia de política de innovación.

Las limitaciones del voto exterior obedecen a la incapacidad de entender la gran transformación, que también ha cambiado el paradigma de la emigración en España. La gente ya no se va fueran para toda una vida. En 2014 un avión tarda ocho horas en llegar de Santo Domingo a Madrid, lo mismo que un tren TER de Pamplona a Madrid en 1970. Los españoles del exterior recibe información sobre España en los mismo canales de televisión, periódicos digitales, redes sociales que los de dentro.

Las limitaciones del voto exterior carecen pues de justificación, y suponen una merma de los derechos de dos millones de españoles y un perjuicio para los intereses de España.

Keep calm and play democrático (and uncorrupted)

Ukeep-calm-and-play-democratico-1na encuesta, de esas que se hacen en la cafetería de la redacción, ha puesto de los nervios a los dos grandes partidos políticos y en particular al Partido Popular. Que bastante tenía ya con comerse los marrones sucesivos de la crisis, el rescate, la corrupción primera entrega, los territorios levantiscos y, en general, de todas las calamidades derivadas del fin del ciclo de la Constitución de 1978.

Que no cunda el pánico, que nos arriesgamos a zamparnos ocho años más de zapaterato hípster, a manos de un front pop (¡En Europa los populistas han salido de extrema derecha!). Que no cunda el pánico y curémonos de espantos.

Nuestra historia —es la Transición, estúpidos— tiene la solución: harakiri (o seppuku según se mire) y democracia. «Nadie es imprescindible en democracia», es una de mis frases favoritas. ¿Democracia?, claro. Basta de lamentaciones, súplicas de perdón y promesas de cambios legislativos. ¡Los senadores de la Restauración ya hacían la declaración de bienes! Lo que hace falta es acabar con la arrogancia y la impunidad, haciendo que los políticos respondan verdaderamente ante los ciudadanos y su destino dependa de estos y no de la estrategia de las cúpulas de los partidos.

¿A qué esperamos?

Una narrativa para Europa; un relato para la democracia española

españa europaDurante cerca de 40 años la democracia española se ha construido sobre las ideas de la transición de un régimen autoritario a otro democrático, así como de la equiparación política y económica con Europa. Tal ha sido el «relato» con que los españoles hemos justificado mayoritariamente el sistema de la Constitución de 1978, hasta que empezó este a cuartearse por la corrupción, la esclerosis de los partidos políticos y la crisis. Otro discurso agotado es, precisamente, el de la Unión Europea. En este caso, la «narrativa» fundacional (utilizo el anglicismo para variar) propugnaba el fin de las guerras en el continente y el bienestar de sus pueblos. Las recientes elecciones europeas han supuesto el punto de inflexión de este «relato» y también de la «narrativa» de Europa.

Mientras que, a ambos lados de la muga, políticos y comentaristas ofrecen imaginativas soluciones a la crisis de España y de su modelo, desde la «reforma profunda» a la «profunda reforma», impresiona el nuevo discurso de la extrema izquierda en España. Se trata de un relato simplista y demagógico, pero fácil de contar: «La Transición ha sido un enjuague de la casta dominante para perpetuarse, por lo que España no puede considerarse una democracia, como demuestra la crisis, que ha de pagar el pueblo pese a haberse engendrado fundamentalmente por la corrupción de dicha casta». En la intimidad, claro, todo el mundo utiliza ya el término «casta» para referirse al problema de la partitocracia.

En el caso de la Unión Europea, para frenar el desinterés de los ciudadanos por la construcción europea, la Comisión requirió a intelectuales y políticos que reflexionasen sobre una nueva «narrativa» europea. Ha sido esta una iniciativa funcionarial clásica, top-down, de la élites para abajo, que ha pasado completamente desapercibida.

Más atención merece la batalla que el Parlamento Europeo libra desde hace años contra las Estados miembros, que se jactan de ser los únicos depositarios de la legitimidad democrática, para implantar un democracia parlamentaria de ámbito europeo. Las competencias ganadas en el Tratado de Lisboa y el nombramiento de Juncker, el cabeza de lista del partido vencedor en las elecciones, como presidente de la Comisión, son  signos de que un cierto federalismo europeo vuelve al orden del día. Esto lo ha visto muy bien David Cameron, cuya oposición al nombramiento de Juncker no es ni mucho menos incoherente con la postura tradicional británica.

La aspiración de una democracia de ámbito europeo tiene potencial para alumbrar una nueva narrativa de Europa, que entusiasme a los ciudadanos y de respuesta a los populismos rampantes. En cualquier caso, serán los ciudadanos quienes impongan la nueva narrativa europea y no una élite a sueldo.

¿Y en España? El Gobierno del PP ha afrontado con acierto y coraje la crisis económica, imponiendo medidas duras que, pese a todo, muchos ciudadanos han comprendido. Sin embargo, sufre un desgaste electoral enorme, que se suele achacar erróneamente a fallos de comunicación. No se trata solo de errores de comunicación. Falta precisamente un relato que explique a los ciudadanos que su sacrificio tendrá como premio una renovación del sistema político, que lo haga respirable y lo convierta en un mecanismo de generar oportunidades. Solo con una reforma sincera del sistema político habrá futuro para la democracia que echó andar en el 78.  A falta de ella, solo el populismo y la nada.

Constitución, elecciones europeas y españoles en el exterior

Yo tenía 20 años cuando se aprobó la Constitución de 1978. Entonces, nunca dudé de que habría un acuerdo para los nuevos tiempos. Como estudiante bisoño de Historia, había llegado a la conclusión de que las naciones alcanzan el éxito cuando tienen la determinación de conseguirlo. Los españoles de entonces la tenían. El premio era sumarse a las naciones más prósperas y avanzadas, obtener su reconocimiento. Solo hacía falta extraer las enseñanzas del pasado y apostar por la concordia. Dejar de lado los maximalismos. Ceder. Contrariamente a lo que afirman los malos poetas, la Historia de España no es una historia triste, porque los españoles son capaces de alterar su curso cuando es necesario. Es lo que sucedió en 1978.

La Constitución de 1978 tuvo que sufrir desde sus comienzos enormes dificultades. El nuevo sistema político español surgió entre las sucesivas crisis del petróleo y los golpes brutales del terrorismo. Por fortuna, Europa acudió en ayuda de España: la adhesión en 1986 a las Comunidades Europeas dará el espaldarazo al sistema político de la Constitución de 1978, y aportará enormes recursos: cerca de 136 mil millones de euros desde 1986, el equivalente de 22,5 billones de pesetas (véase «Un euroescepticismo incomprensible» de Fernando Pescador).

Si la Unión Europea ha sido decisiva para la estabilidad de nuestro sistema constitucional por la cobertura política y económica que nos ha prestado durante cerca de 30 años, y seguirá prestando ahora en asuntos capitales como el desafío nacionalista, es fundamental que los españoles sean conscientes de lo que se juegan en las elecciones europeas de mayo de 2014. El desinterés y un «euroescepticismo incompresible» podría traducirse en un Parlamento Europeo ingobernable, en manos de partidos filibusteros o populistas, en el momento en que esta institución ha alcanzado un poder considerable.

Las elecciones europeas revisten también el mayor interés para los españoles del exterior. Somos los principales beneficiarios de la Ciudadanía Europea, de las libertades fundamentales de circulación. El peso de los españoles del exterior es el de la cuarta provincia de España. Somos cerca de 1.700.000 electores. En unas elecciones de circunscripción única, podemos ser decisivos. Pese a las limitaciones que la Ley Electoral nos ha impuesto, nuestro voto podría servir para consolidar el proyecto de Europa y el proyecto de España.

En un mundo globalizado en el que la expatriación, la emigración, es un fenómeno en auge, la limitación de los derechos políticos de los españoles que vivimos fuera resulta cuando menos injusta. Nuestra Constitución, que respondía a las necesidades de un momento histórico concreto, evolucionará en cuanto las circunstancias lo permitan para dar respuesta a los problemas de hoy, como la corrupción o la partitocracia. Los españoles lo demandan. Llegado ese momento, habrán de restituirse también los derechos políticos a los españoles del exterior: voto igual y  representación en las Cortes.

Un oso polar en la redacción

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Acabo de pasar unos días en Londres visitando a mi hermano y me ha vuelto a impresionar el dinamismo de esta ciudad, en la que los taxistas se saben las direcciones, los autobuses de dos pisos están relucientes y oigo las voces de muchos compatriotas jóvenes que pugnan por una oportunidad para ganarse la vida (y aprender inglés).

Sinceramente, me cuesta no albergar admiración o incluso simpatía por nuestros  sempiternos enemigos. Creo que esta es mutua, cuando menos en el caso de los muchos ingleses que han encontrado acomodo en el clima benigno de las costas españolas y nuestro singular estilo de vida.

En esta ocasión, sin embargo, he sentido además alguna envidia al leer el diario The Times y comprobar en sus titulares un grado menor de exasperación y una variedad de temas mayor que en los medios españoles. Aparte, claro está, de los inevitables ataques contra la Unión Europea, que estos días se centran en sendas regulaciones sobre los aspiradores (los ingleses son grandes fabricantes) y el chorro de los sanitarios (los ingleses son los inventores).

En efecto, los medios de comunicación españoles dan en general la impresión de vivir en una tensión de contrarios permanente, enzarzados en agrias descalificaciones. Peor, los temas se repiten ad nauseam: la crisis, los nacionalistas, la corrupción. Socorro. The Times informa ciertamente sobre estos temas, aunque prestando su voz a los protagonistas más que opinando, creo, lo cual es una forma sutil de opinar. Pero también publica sobre muchos otros temas: este fin de semana, por ejemplo, me ha sobrecogido y entretenido el relato de la odisea que Ranulph Fiennes vivió en el Everest.

Fiennes, baronet, aventurero solitario, escritor y primo de unos célebres actores británicos, se salvó de perecer en el Everest gracias a la oportuna insistencia de su señora en que llevase píldoras contra los infartos. La narración de su regreso a la base, infartado, me ha recordado los infortunios de las crónicas de la Conquista. En la misma edición, The Times relata otra historia polar, en la que un oso se lleva por delante a un excursionista. En fin, esta vez en Canadá, otro aventurero más afortunado es salvado del ataque de un oso por su perro, al cual hubo de comerse para sobrevivir a las subsiguientes inclemencias del tiempo.

Estas historias asombrosas nos transportan, nos hablan de otras personas y nos alejan de las angustias cotidianas. No sé si hemos acabado de encerrar al Cid bajo siete candados, pero tal vez sea la hora de soltar un oso polar en las redacciones de los periódicos.