La Traducción pudo salvar al mundo

Sonámbulos¿Qué pasaría si en el Parlamento Europeo todo el mundo hablase en su lengua y nadie entendiese la de los otros? ¿Si las instituciones de la UE dictaran solo en inglés o alemán las normas que han de aplicar los ciudadanos españoles, en cuyo defecto podrían ser multados? ¿Si la Comisión publicara sus documentos de orientación política exclusivamente en inglés, de modo que solo una minoría ilustrada tuviera conocimiento de ellos?

Aunque parezca extraordinario, la Historia de Europa nos ofrece un caso similar. Nos lo cuenta Christopher Clark en su libro «Sonámbulos», cuyo subtítulo es: «Cómo Europa fue a la guerra en 1914». En efecto, el imperio austro-húngaro tenía dos parlamentos, el húngaro y el de la región conocida como Cisleitania, que carecía de lengua propia a diferencia del primero. En el Parlamento de Cisleitania podía hablarse alemán, checo, polaco, rutenio, croata, serbio, esloveno, italiano, rumano y…¡ ruso! Sin embargo no había interpretación ni medios para conocer o archivar el contenido de los discurso que no se pronunciasen en alemán.

El filibusterismo lingüístico, es decir, pronunciar discursos en lenguas conocidas solo por un puñado de diputados, permitía bloquear las iniciativas legislativas. Así no se podía saber si el discurso contenía enmiendas a las leyes o la lista de la compra del  diputado. Los conflictos nacionalistas paralizaron la actividad legislativa y el parlamento fue disuelto en varias ocasiones hasta el comienzo de la 1ª Guerra Mundial.

En  el curso de mi vida profesional he tenido que oír en muchas ocasiones críticas contra el régimen de multilingüismo que se practica en las instituciones de la Unión Europea. En virtud de este, las lenguas oficiales de los Estados miembros son iguales entre sí —como los ciudadanos de la Unión Europea—. Por tanto, se traduce a dichas lenguas las normas y reglamentaciones que entrañan una obligación jurídica, se ofrece interpretación a los miembros de las asambleas y delegaciones para que puedan expresarse en su idioma y entender lo que otros dicen, y así permitir el funcionamiento de las instituciones. Los padres fundadores de la Unión Europea entendieron el problema y consagraron la primera «ley» de la UE al régimen lingüístico.

Las citadas críticas se refieren a los costes del multilingüismo y se apoyan en una visión tecnocrática, en cuya virtud para que las instituciones europeas funcionen bastaría con utilizar el inglés o dos o tres lenguas de trabajo.

La tesis de «Sonámbulos» es que, aunque la guerra era posible a principios de 1914, se pudo haber evitado si no se hubiesen concatenado una serie de elementos hasta formar la tormenta perfecta. Por el ejemplo, el nacionalismo, la incompetencia de los diplomáticos o la disfuncionalidad de las instituciones, como en el caso del Parlamento de Cisleitania.

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Europeos contra el terrorismo

Manifestación de «Europeos contra el terrorismo»,  tras el asesinato del juez Luis Portero, ante el edificio Jean Monnet de la Comisión Europea.

Manifestación de «Europeos contra el terrorismo», tras el asesinato del juez Luis Portero, ante el edificio Jean Monnet de la Comisión Europea.

«En la actualidad, muchos ciudadanos del País Vasco sufren la limitación de sus libertades más elementales: no pueden decir lo que piensan o ejercer sus derechos sin asumir graves riesgos personales. La mayoría de estas personas no son nacionalistas y se han opuesto a las pretensiones de ETA.»

Así comenzaba el manifiesto de «Europeos contra el terrorismo» escrito en Luxemburgo en 2000, año el que todavía la banda asesinó a 23 personas. «Europeos contra el terrorismo» fue muy activo en la deslegitimación del terrorismo en las instituciones europeas. «Europeos» se concentraba silenciosamente, cuando había atentados de la ETA, ante la sede de la Comisión Europea en Luxemburgo. Su mayor éxito fue la conferencia de Jon Juaristi en el Parlamento Europeo, presentada por el presidente de la Comisión Europea, Jacques Santer, que reunió a cerca de 500 personas de todos los puntos de Europa.

Ahora que los asesinos salen de las cárceles, gracias a la generosidad de nuestro sistema político —tan difícil de explicar a veces—, conviene recordar que España los ha vencido. Que la victoria se debió a la movilización total de los ciudadanos. Conviene recordar que los españoles salieron en defensa de las libertades y los derechos más fundamentales. Conviene recodar, en fin, que el nacionalismo aún está ahí.